
Son
generales en la provincia de León. En los primeros días
del mes de noviembre, cuando los trabajos del campo están hechos;
cuando los cuidados inherentes a la matanza del ganado de enverango, donde
se hace, terminan; cuando las noches son tan largas que, aparte de las
horas necesarias para el descanso, queda un buen margen que puede dedicarse
al trabajo, las mujeres de cada pueblo se reúnen con el fin de
hilar la lana que en junio quitan a sus ovejas, o el lino que al efecto
han comprado los maridos o padres respectivos.
Si el pueblo es pequeño, la reunión es única; si
no lo es, las reuniones suelen ser tantas como son los barrios en que
el pueblo se divide. A éstas reuniones se las llama "hilanderos".
Tienen éstos un doble carácter bien señalado; son
algo de lugares de recreo y esparcimiento, y tienen mucho de obrador.
No se congregan todos los días en una casa determinada, como suele
acontecer en otras partes; hay establecido un turno semanal, y cada semana
se reúnen en la casa que, según aquel, está señalada.
La casa que está de semana, tiene obligación de facilitar
luz, leña y agua. La habitación obligada para esta clase
de reuniones es la cocina, amplísima en aquel país y capaz
para contener crecido número de personas.
Después de rezar el rosario, cenar y concluir los trabajos que
las casas respectivas diariamente exigen, toman la rueca, el huso y la
cantidad de lana o de lino señalada para la tarea de la noche y
se encaminan a la casa que está en turno de semana. Alrededor del
hogar y al amor de la lumbre, siéntanse las mujeres de mas edad;
sobre los escaños, los bancos y las mesas, colócanse de
pie las más jóvenes para hilar con mas desenvoltura.