El Parque Nacional de los Picos de Europa se creó en 1918 como Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, siendo el primer Parque Nacional de España. En 1995 se amplió a los tres macizos que constituyen los Picos de Europa cambiando el primitivo nombre por el actual.
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Lagos de Covadonga. Foto de Blanca Gallego |
Sus 65.000 Ha. lo convierten en uno de los mayores espacios protegidos
del Estado, abarcando terrenos de las Provincias de León, Asturias
y Cantabria. Respondiendo a la filosofía de los Parques Nacionales,
éste es un exponente de los ecosistemas de alta montaña
y bosque atlántico sobre una geología dominada por la
actividad kárstica.
Situados en el centro de la Cordillera Cantábrica, los Picos
de Europa forman un sistema montañoso de conformación
peculiar, teniendo en cuenta que su extensión abarca unos cuarenta
kilómetros de longitud por unos veinticinco de anchura.
Lo elevado de la altura media de sus cimas advierte de sus extremos
orográficos: 2.268 metros, la cima superior correspondiente a
Torre Cerredo, que dista del mar 25,6 kilómetros, frente al nivel
de elevación mínima, en torno a noventa metros, que presenta
el curso bajo del Cares. Junto con la altura, la forma abrupta de su
caída hacia el mar convierte estas formaciones montañosas
en un nudo autónomo. Tres ríos dividen su estructura,
Sella, Cares y Deva; sus cauces marcan los tres macizos de la cadena
montañosa.
El Macizo Occidental, denominado también "El Cornión",
se encuentra entre el río Sella y Cares. Presenta un corte transversal
opuesto al de la cordillera y unos levantamientos inferiores a los de
otros macizos, lo que hace pensar que el empije tectónico debió
ser inferior. Incluye los lagos más conocidos de la cordillera,
los Lagos de Covadonga. Entre sus picos más destacados se encuentran
Torre Santa (2.596 m.), Torre Bermeja (2.400 m.) y Torre Parda (2.314
m.).
El Macizo Central, llamado también "Los Urrieles",
se sitúa entre los ríos Cares y Duje. Con el Naranjo de
Bulnes (2.519 m.) como cumbre mítica, este macizo presenta las
cimas más altas de los Picos de Europa. Con sus 160 kilómetros
cuadrados aproximadamente es la mayor superficie de alta montaña.
Otras cumbres importantes son Torre Cerredo (2.648 m.), Torre del Llambrión
(2.642 m.), Peña Vieja (2.613 m.) o Torre del Oso (2.460 m.).
El Macizo Oriental, o de Andara, entre los ríos Duje y Deva,
abarca menor extensión y alturas inferiores en sus picos. A pesar
de ello, la belleza del Valle de Liébana (Cantabria) lo dota
de un particular atractivo. De entre sus picos sobresalen la Morra de
Lechugales (2.444 m.), el Sagrado Corazón (2.212 m.) o el Pico
Cortés (2.370 m.).
Considerando que se entiende por alta montaña las altitudes que
superan los 1.800 metros, más de un tercio de los montes de Picos
de Europa corresponden a esta estructura orográfica. Se trata
de espacios en los que sólo es posible aprovechar los pastos
de altura. Los vientos frecuentes y las nieves casi perpetuas convierten
estas cumbres en un lugar casi inhabitable. Sin embargo, no es extraño
descubrir fósiles marinos entre las rocas de las cumbres, prueba
inequívoca de los límites marinos en los primeros tiempos
de formación geológica.
La variedad de estas formaciones, lo escarpado de su estructura y la
irregularidad de sus perfiles les confiere una extraña belleza.
De ella han quedado prendados científicos, escaladores y habitantes
de sus valles. La grandiosidad de los Picos de Europa se ha conformado
hace aproximadamente 40 millones de años por la denominada orogenia
Alpina.
Justo reconocimiento a los Picos de Europa
Leoneses
Los Picos de Europa Leoneses constituyen una realidad antropológica
y física que no ha recibido el reconocimiento justo ni a veces
la delimitación precisa.
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| La
Ruta del Cares comunica Caín (León) con Poncebos
(Asturias) |
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Buena prueba de ello es la tendencia popular a considerar estos espacios
con vinculación únicamente asturiana o cántabra.
Curiosamente, la parte leonesa de los Picos de Europa es la de superior
extensión de todo el Parque Nacional.
No es fácil descubrir la clave de esta confusión, pero
puede estar relacionada con dos factores. El primero se correspondería
con la pervivencia de una visión mitológica en la historia
de España: Covadonga se erigió en el espacio que servía
de germen de lo nacional y no se entendía una orografía
de los Picos de Europa ajena a lo relacionado con lo asturiano.
Además, el Parque Nacional de Picos de Europa que ahora conocemos
nació precisamente del Parque Nacional Montaña de Covadonga.
El segundo tal vez tenga que ver con una cierta indolencia leonesa,
rayada en la desidia, y por la dejadez política de la Administración
local y regional.
Lo que resulta tristemente cierto es que estas tierras han tardado mucho
en despertar de un sopor de siglos. En empezar a reivindicar unos límites
que, siendo propios y relevantes, han quedado con frecuencia al albur
y el interés de los que los rodean.
Por ello se hace necesario reivindicar una realidad que constituye buena
parte de la esencia leonesa. Y la reivindicación empieza por
su conocimiento.