La provincia de León ocupa una superficie de 15.581 Km2, siendo la más extensa de las nueve que integran la Comunidad Autónoma de Castilla y León y la séptima en el computo nacional.
Localizada en el extremo noroccidental de dicha comunidad, entre los
4º 44' - 7º 5' de longitud Oeste y los 42º 1' - 43º 14' de latitud Norte,
se caracteriza ante todo por una gran diversidad paisajística
producto de la combinación de factores tanto físicos como
humanos; una diversidad que la individualiza frente a las provincias
limítrofes de Asturias y Cantabria por el Norte, Palencia por
el Este, Zamora y Valladolid por el Sur y Orense y Lugo por el Oeste.
Desde el punto de vista estructural, el relieve Provincial se organiza
en torno a dos grandes unidades morfológicas profundamente contrastadas:
La Montaña y La Meseta
Las formaciones montañosas ocupan una parte considerable del
espacio Provincial (más del 50% de la superficie total está
por encima de los 1.000 m. de altitud), articulándose en dos
conjuntos claramente diferenciados en función de su litología
y morfogénesis.
En primer lugar, el sector septentrional perteneciente a la Cordillera
Cantábrica que se inicia por el Este en Peña Ubiña
y se continúa hacía el Oeste hasta el complejo macizo
calcáreo de los Picos de Europa. Caracterizado por la alternancia
de rocas duras (cuarcitas y calizas) y blandas (pizarras), es en este
conjunto donde se alcanzan las cotas máximas de la provincia
(por encima de 2.500 m.) y donde se conocen las formas de relieve más
abruptas.
Los fuertes contratestopográficos producto de la orogenia hercínico-alpina,
se han visto acentuados por el encajamiento de la red fluvial que ha
cortado las estructuras perpendicularmente. Los fenómenos de
glaciarismo en las cumbres más elevadas, los importantes complejos
kársticos, las encajadas gargantas y hoces de paredes casi verticales
y la peculiar distribución de pequeñas cuencas intramontanas
son los elementos más significativos de esta unidad.
En segundo lugar, el sector occidental de la Provincia pertenece a la
macroestructura de las Montañas Galaico-Leonesas; producto de
una tectónica de bloques sobre materiales paleozoicos, este macizo
se caracteriza por un intenso y continuado proceso de modelado cuyo
resultado son elevadas pero aplanadas superficies culminantes de altitud
más modesta (1.500-1.800 m) que, únicamente en algunos
crestones residuales superan los 2.000 m. Igualmente son características
las huellas glaciares de gran calidad ambiental (Lagos de La Baña
y Truchillas), las gargantas producidas por la incisión fluvial
y la accidentada topografía.
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| Las
Médulas, Patrimonio de la Humanidad. |
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Una peculiaridad de este conjunto sin duda la constituye la "hoya"
o fosa de El Bierzo, depresión tectónica encubierta bajo
depósitos terciarios de materiales blandos, que modificados por
el modelado cuaternario han dado lugar a un paisaje de campiña
y amplias vegas que contrasta con el cerco montañoso que la enmarca.
La Meseta leonesa ocupa la parte central y sureste de la provincia poniendo
el extremo Norte y Oeste a la gran cuenca sedimentaria de materiales
terciarios que ocupa el interior de España. Constituye una plataforma
elevada (entre 700 y 1.000 m. de altitud) ligeramente inclinada hacía
el Sur y diseccionada en sentido Norte-Sur por una densa red hidrográfica.
Topográficamente es un relieve prácticamente horizontal
de páramos detríticos con suaves ondulaciones únicamente
interrumpidas por la sucesión de terrazas e interfluvios, colonizados
en algunos casos por lagunas endorreicas que ratifican esa ausencia
de pendientes.
Adaptada a estas unidades morfoestructurales, la red hidrográfica
Provincial participa de tres cuencas: Norte, Miño - Sil y Duero,
si bien con clara hegemonía de esta última.
La Cuenca del Duero (72,1% de la superficie Provincial) recoge tres
importantes cursos como son el Esla (al que vierten los ríos
Porma, Curueño, Torío y Bernesga), el Órbigo (resultado
de la fusión del Luna y del Omaña) y el Cea. Todos ellos
nacen en las cumbres de la Cordillera Cantábrica y tienen un
régimen nivo-pluvial o pluvial.
La divisoria con la cuenca Miño-Sil la constituyen los Montes
de León, a partir de los cuales hacia el Oeste y a lo largo de
3.959 Km2 (el 27,7% de la superficie provincial) se expande el sistema
Sil. Este río de régimen pluvial, con afluentes como el
Búrbia, Boeza o Cabrera, aporta un caudal abundante y sostenido
a lo largo de todo el año que, junto con la orografía,
ha favorecido su aprovechamiento hidroeléctrico y le convierte
en el auténtico eje vertebrador de la comarca de El Bierzo.
Por último, la cuenca Norte está escasamente representada
(el 2,2% de la superficie provincial) limitándose a los enclaves
del Norte (valles de Valdeón y Sajambre, drenados por el Sella
y Cares respectivamente) y en el oeste las cabeceras de los valles de
Balouta. Son ríos de escaso recorrido y régimen nivopluvial
cuya intensa acción morfogenética ha originado desfiladeros
de gran calidad paisajística como los Beyos y la Garganta del
Cares.
Desde el punto de vista climático, la provincia de León
es un espacio de transición entre la Meseta y las cadenas montañosas.
A pesar de la gran variedad existente, el clima provincial pertenece
al tipo mediterráneo de influencia continental, matizado en algunos
sectores por la influencia atlántica. Las principales características
son la elevada amplitud térmica, la presencia de inviernos muy
fríos y largos y casi permanente riesgo de heladas durante todo
el año, el efímero significado de la primavera y otoño
y las temperaturas moderadas de los cortos veranos que padece la provincia.
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La
mayor extensión de los Picos de Europa corresponde a
León |
Las precipitaciones se distribuyen irregularmente tanto en espacio como
en tiempo. Así, en los sectores de precipitación más
abundante (franja Norte y Oeste) se registran valores por encima de
1.500 mm. anuales, a menudo en forma de nieve, frente a los apenas 500
mm. de las zonas de meseta.
Estas precipitaciones en ambos casos se concentran en los meses invernales
y otoñales, por lo que a pesar de que se puede hablar de una
cierta riqueza hídrica, la aridez estival persiste en la mayor
parte del espacio provincial durante los meses más cálidos,
siendo especialmente intensa en la llanura en julio y agosto.
En función de los condicionantes termopluviométricos y
la disposición orográfica, la cobertura vegetal de la
provincia también se va a caracterizar por la diversidad y complejidad.
Las formaciones atlánticas (haya, roble y abedul entre otras)
jalonan los conjuntos montanos del Norte y Oeste provincial, siendo
sustituidos en los pisos alpino y subalpino por los ricos pastizales
que tan importantes han sido para el desarrollo económico de
estas zonas.
Lencina, especie emblemática que representa la influencia mediterránea,
ocupa en la actualidad una reducida porción de la cuenca sedimentaria
y de las solanas de la transición entre la montaña y la
meseta, ya que ha sido una de las más castigadas por el hombre.
A pesar de que la Meseta es el espacio idóneo para su desarrollo,
las continuas roturaciones y el regadío han sido sus principales
enemigos. Junto a ella, otras especies mediterráneas como alcornoques,
quejigos, enebros y almendros perviven en las áreas con microclimas
más cálidos como ocurre en El Bierzo.
Finalmente, la riqueza forestal de la provincia se complementa con la
vegetación de ribera (chopos, sauces, alisos, álamos,
fresnos) que se pueden encontrar a lo largo de cualquier curso fluvial
y las repoblaciones, a base de pinos fundamentalmente, que desde mediados
de los años 40 se han venido practicando.
Todo este conjunto de variables físicas ha condicionado un modelo
de poblamiento concreto, en el cual conviven espacios de hábitat
concentrado basados en el aprovechamiento agrario de los recursos y
de morfología regular localizados en la llanura y especialmente
en las vegas y riberas, con espacios de montaña asociados a un
hábitat disperso y de explotaciones extensivas, con una morfología
peculiar de los asentamientos totalmente adaptada a los accidentes topográficos.